Un día nací y la Vida
me dio unos papás, para mi los mejores, los que están siempre, los
que te enseñan que lo importante, en definitiva, es ser buena
persona. Esos papás venían de la mano con un hermano, el más
lindo, el que te hace la infancia más feliz. Después conocí a mi
tíos y primos y entendí el significado de una tía = a una segunda
mamá, que un amigo se puede convertir en primo y que un primo en un
gran amigo. Y el papel más lindo se los dejaron a los abuelos: mis
mágicos 4 abuelos. Un día mi hermano me dijo que iba a tener una
cuñada, y yo me dí cuenta que ya tenía una segunda hermana. Y para
coronar llegó la sobrina, la luz de mi ojos, el Lucero que ilumina.
Esto es una familia y es una de las clases de amor. Pero la Sra. Vida
me dijo: “eso no es todo, todavía hay dos clases de amor más”.
Entonces, a medida que fui creciendo me siguió enseñando de qué se
trata esto de andar acá, por la tierra y me dio amigos, como para
hacer que la cosa sea mas linda, para que las alegrías se dupliquen
y las tristezas se compartan. No se por qué, pero se ve que ella me
tiene cariño porque me dio los mejores amigos que hay: fieles,
leales, de fierro, buena gente, compañeros, con amor para dar, con
abrazos para repartir, con lagrimas para secar, divertidos, cabrones
que te hacen reír, esos que están siempre, como se dice "en
las buenas y en las malas". “Esa es la segunda clase de amor”,
me explicó y entendí. Pero como si eso no fuera todo un día, ya
grande como para que la cosa sea importante, me comentó que era
tiempo de conocer la tercer clase de amor y llegó Martín. Ahí me
dijo que con esta clase de amor llega todo lo demás. Con Martín
vino la segunda familia y los nuevos amigos que se convirtieron en
necesarios, que tenían que estar en mi camino, que me vinieron a
terminar de completar.
Yo no se muy bien para qué venimos, si para cumplir una misión, con un objetivo, como consecuencia del pecado original, para cuidar el Karma , para esperar de Mesías, a plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo o simplemente porque así lo quiso Dios. No se tampoco si Darwin tenía razón. Sólo se que estas clases de amores existen y se nos presenta a todos con diferentes formas y colores, en distintas personas, en determinados momentos, en varias miradas, en sonrisas, en gestos y abrazos, hasta en dolores y despedidas; sólo hay que saber mirar a quien te lo pueda dar y, claro, estar abierto para recibirlos. Para mi venimos nada mas y nada menos a eso: a dar y recibir amor. Además, bueno, también porque, a pesar de todas las cosas que nos pueden pesar y pasar, siempre siempre esto está buenísimo si vos querés.
Yo no se muy bien para qué venimos, si para cumplir una misión, con un objetivo, como consecuencia del pecado original, para cuidar el Karma , para esperar de Mesías, a plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo o simplemente porque así lo quiso Dios. No se tampoco si Darwin tenía razón. Sólo se que estas clases de amores existen y se nos presenta a todos con diferentes formas y colores, en distintas personas, en determinados momentos, en varias miradas, en sonrisas, en gestos y abrazos, hasta en dolores y despedidas; sólo hay que saber mirar a quien te lo pueda dar y, claro, estar abierto para recibirlos. Para mi venimos nada mas y nada menos a eso: a dar y recibir amor. Además, bueno, también porque, a pesar de todas las cosas que nos pueden pesar y pasar, siempre siempre esto está buenísimo si vos querés.
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