viernes, 27 de marzo de 2015

YO ¿A qué venimos?

Un día nací y la Vida me dio unos papás, para mi los mejores, los que están siempre, los que te enseñan que lo importante, en definitiva, es ser buena persona. Esos papás venían de la mano con un hermano, el más lindo, el que te hace la infancia más feliz. Después conocí a mi tíos y primos y entendí el significado de una tía = a una segunda mamá, que un amigo se puede convertir en primo y que un primo en un gran amigo. Y el papel más lindo se los dejaron a los abuelos: mis mágicos 4 abuelos. Un día mi hermano me dijo que iba a tener una cuñada, y yo me dí cuenta que ya tenía una segunda hermana. Y para coronar llegó la sobrina, la luz de mi ojos, el Lucero que ilumina. Esto es una familia y es una de las clases de amor. Pero la Sra. Vida me dijo: “eso no es todo, todavía hay dos clases de amor más”. Entonces, a medida que fui creciendo me siguió enseñando de qué se trata esto de andar acá, por la tierra y me dio amigos, como para hacer que la cosa sea mas linda, para que las alegrías se dupliquen y las tristezas se compartan. No se por qué, pero se ve que ella me tiene cariño porque me dio los mejores amigos que hay: fieles, leales, de fierro, buena gente, compañeros, con amor para dar, con abrazos para repartir, con lagrimas para secar, divertidos, cabrones que te hacen reír, esos que están siempre, como se dice "en las buenas y en las malas". “Esa es la segunda clase de amor”, me explicó y entendí. Pero como si eso no fuera todo un día, ya grande como para que la cosa sea importante, me comentó que era tiempo de conocer la tercer clase de amor y llegó Martín. Ahí me dijo que con esta clase de amor llega todo lo demás. Con Martín vino la segunda familia y los nuevos amigos que se convirtieron en necesarios, que tenían que estar en mi camino, que me vinieron a terminar de completar.
Yo no se muy bien para qué venimos, si para cumplir una misión, con un objetivo, como consecuencia del pecado original, para cuidar el Karma , para esperar de Mesías, a plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo o simplemente porque así lo quiso Dios. No se tampoco si Darwin tenía razón. Sólo se que estas clases de amores existen y se nos presenta a todos con diferentes formas y colores, en distintas personas, en determinados momentos, en varias miradas, en sonrisas, en gestos y abrazos, hasta en dolores y despedidas; sólo hay que saber mirar a quien te lo pueda dar y, claro, estar abierto para recibirlos. Para mi venimos nada mas y nada menos a eso: a dar y recibir amor. Además, bueno, también porque, a pesar de todas las cosas que nos pueden pesar y pasar, siempre siempre esto está buenísimo si vos querés.

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